Milky Way Chupi-pack, ¡cómo te extraño!

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Estaba sólo. Las luces apagadas y la casa prácticamente vacía, hasta que la vecina llegó (y acompañada). Para entonces yo ya había buscado conversación con Jennifer, una chica que es tan fuerte como Sansón y tan bonita como… ¡Muy bonita!

Cuando la vecina apagó su computadora sólo pude pensar una cosa:

Ya valió madres

No la espío ni nada. Es que nos separa apenas una delgada pared que no se apiada ni de los oidos menos agudos, y deja pasar hasta el gemido más tenue.

Conversaba con Jenny sobre nuestras aventuras como maestros y no-maestros Pokémon. Ella había comido Spaghetti con queso molido, jamón y tenedor… Una cosa llevó a la otra; no tuve más remedio que contarle la historia de los tenedores.

Al comenzar a contar la historia recordé vagamente mis vidas pasadas en casas pasadas, cuando comía jitomates a mordidas y cafés amargos como la vida misma. O cuando cierto payaso con globos inflados con helio me asustaba todavía más que el maldito muñeco poseído.

El recuerdo que no pasó vagamente fue el del delicioso dulce comida de los dioses, el que venía en dos sabores en un empaque muy curioso y apachurrable. Su nombre era un tanto tabú, porque aunque papá y la vida me habían enseñado que Milky Way es el nombre en inglés de La Vía Láctea, era fácil ser molestado por decir “güey” a tan temprana edad.

Extraño tanto al Milky Way Chupi-Pack que le haré un tributo, de alguna manera.

Breaking Bad

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Acabo de ver el final de la cuarta temporada de Breaking Bad. Me encantó y lo detesté al mismo tiempo: Fue exactamente lo que estaba esperando, me siento satisfecho. Estoy listo para dejar Breaking Bad atrás.

No quiero ver la quinta temporada.

Veintiuno

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Éste es uno de esos días en que escribo en buena medida para mi, y más valdría escribir en privado. Éste es uno de esos escritos improvisados que deberían estar en mi libreta chida de las notas y no en mi súperpopular blog chidísimo. Hoy es cumpleaños de Valeria.

Es la edad a la que puedes comprar alcohol legalmente en Estados Unidos de América. En algunos otros países (México, por ejemplo) disminuye hasta 18 (que es el cumpleaños de Laura, no lo olvido). Si lo piensas un poco, de hecho es curioso que en EUA puedes aparecer en una porno a los 18, pero para comprar alcohol legalmente debes esperar hasta los 21.

También es 21 la mitad de la respuesta a la vida, el universo y todo lo demás. Una vez conocido este hecho (y aceptado como tal), no es sorpresa que 21 sea el noveno número de Fibonacci, y menos todavía que sea el sexto número triangular. Además ocupa el lugar número 13 en la secuencia de Padovan.

Hay películas con 21 en el nombre, y yo conozco dos: 21 Blackjack y 21 gramos. Luego están canciones como 21 guns, y el siglo actual (contando desde donde nos convenga contar).

21 es el más pequeño de los naturales que no está n-cerca de ninguna potencia 2^n, con n natural. Y como no tengo regla (porque ni estoy en mis días ni tengo tanta necesidad de hacer trazos rectos (que no es lo mismo que trazar rectos), le apostaré a que 21 es la medida promedio de mis cabellos; los corté por última vez en el pasado hace precisamente un año.

Pero claro que cuando hablo de la precisión abuso del lenguaje, así como abuso de las referencias numéricas. Acabo de recordar con quién vi 21 Blackjack y 21 gramos por vez primera, pero lo mantendré en secreto.

Veintiuno son los años que cumpliremos todos de nacidos, cada quien en algún momento de este año; y lo digo abusando nuevamente de la precisión porque así lo deseo. Ya vendrá la segunda edición de los festejos septembrinos con motivo de mi cumpleaños, para amigos y enemigos.

 

21-(2+1) es la cantidad de covers listados en el apartado Other cover versions de la canción Hijo de la luna (aunque hay muchas más en el listado correspondiente en la página en español). Uno de los covers que más me gusta es de Haggard.

Haggard, por cierto, estará en la Ciudad de México el próximo 21 de junio. ¡Hay que revisar las carteras y apuntarnos para ir! También 21 de junio es el día en que Edson  no/bailará algo de k-pop, en el mismo DF.

Haggard es un grupo/banda que me presentó Valeria, la cumpleañera de hoy, a quien deseo un feliz cumpleaños y unos excelentes 21. Y hoy el ritual de cumpleaños requiere escuchar dos canciones de Haggard elegidas deliberadamente al azar; una de ellas a continuación:

Per Aspera Ad Astra

 

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Firefox OS en Ideas Disruptivas [2013]

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Como ya es tradición,

estuve en Villahermosa, Tabasco el pasado noviembre.

Lino Romero, un amigo mío que vive por allá, (como ya es costumbre) estaba organizando un gran evento de innovación al que fui invitado en nombre de Mozilla.

Al evento asistieron principalmente estudiantes de una facultad de informática, convirtiéndolo en un lugar espléndido para hablar sobre Firefox OS.

Me acompañó Mario García, un amigo y colaborador en Mozilla México que vive en Tapachula Chiapas. Considero que entre los dos hicimos un buen papel.

La idea que teníamos originalmente era tener un stand de tamaño regular permanente durante el evento, donde haríamos demostraciones de Firefox OS y aplicaciones HTML5 a los interesados que se acercaran. Además planeábamos tener un espacio para invitar a los asistentes a escribir una aplicación (o parte de ella) para Firefox OS, al estilo mini-hackatón; Resultó mucho mejor de lo esperado.

Gracias a que conocíamos a los organizadores del evento, pudimos conseguir espacios considerablemente más grandes: En lugar de tener a diez o quince chavos en una habitación, los tuvimos a todos en la sala principal. Soy malo aproximando cantidades en esas condiciones, pero estimo que había unos cuatrocientos asistentes. Además los tuvimos en dos ocasiones:

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La primera (la más amplia) aprovechamos para mostrarles un juego/aplicación en HTML5 que funciona tanto en Firefox OS como en Firefox para escritorio; El tiempo alcanzó incluso para mostrar las herramientas de desarrollador de Firefox y el Simulador de Firefox OS junto con el Gestor de aplicaciones que en aquel momento estaba en Firefox Aurora.

En nuestro segundo asalto le comentamos a los asistentes los proyectos que tenemos en Mozilla México y en Mozilla a nivel global (por ejemplo: Firefox en lenguas indígenas y Shumway), esto fue por supuesto con la intención de invitarlos a colaborar en estos proyectos y a defender activamente la web abierta.

Adicionalmente, repartimos unas cuantas playeras de Firefox entre los asistentes. Había personas muy entusiasmadas por poder conseguir una, y los entiendo. ¡A mi me brillaron los ojos cuando recibí la mía, hace ya varios años!

Y no acaba aquí: Otros de los invitados presentaron sus proyectos al modo start-up, varios de ellos basados en la web o en dispositivos móviles. ¡Obviamente platicamos con ellos y conseguimos sus datos para platicar posteriormente al respecto! Contactamos, por ejemplo, con un grupo que está desarrollando un videojuego educativo para dispositivos móviles, y aprovechamos para invitarlos a tener su aplicación en HTML5 y usar las webAPI, lo que traerá sin duda grandes beneficios en cuanto a portabilidad y escalabilidad para su juego.

Rounds extra: con un grupo de desarrolladores

estuvimos trabajando, además, en la oficina de Domingo (otro amigo mío de por allá), quien trabaja con otros desarrolladores web y móviles en diversos proyectos.

Estuvimos unas cuantas horas haciendo una demostración más minuciosa de las herramientas para desarolladores, el Simulador y el Gestor de aplicaciones de Firefox OS. Y fuimos todavía más allá: Portamos una de sus aplicaciones a Firefox OS. Ellos quedaron encantados de la compatibilidad de HTML5 y nosotros con ganas de volver.

Tenemos una cita pendiente con este grupo para organizar otra sesión de trabajo.

Rounds extra: una noche de café y demostraciones

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Las cosas iban tan bien que fue fácil que mejoraran. Para entonces Mario ya había regresado a Chiapas, pero yo decidí quedarme unos días más.

Al fin concreté la cita que tenía tiempo atrás con un café de la ciudad. Llegaron varios amigos de los amigos a ver qué es lo que tenía Firefox OS para ofrecer. Con ellos pude hacer demostraciones más personalizadas y enfocadas al uso del sistema operativo, mientras comíamos algo en Tanjarina Café.

He de mencionar que apenas días atrás habíamos lanzado Firefox OS en México, con lo que la información estaba fresca y eran básicamente muchas buenas noticias para los asistentes en los tres eventos.

¡Ah! Casi lo olvido. No tengo los periódicos a la mano, pero pude ver en su momento que algunos diarios locales publicaron varias notas sobre el evento principal (Ideas Disruptivas conf), y nos tocó un pedacito del pastel con una breve reseña sobre Firefox OS y los proyectos de Mozilla en estas notas.

En fin, fue una jornada realmente fructífera. ¡Que vengan más de estas!

Gracias

Lino, Walter, Ana Laura, Domingo, Juan Carlos y otros amigos por la invitación, la pizza y en general el buen trato y aventuras que me hicieron pasar por allá. Gracias también a Mario por acompañarme y el apoyo gigante, ¡qué nervios!
Por supuesto, gracias también a Chabelo y amigos por los días extra que anduve por allá.
Y gracias, Mozilla.

 

Para ver más fotos:

http://www.flickr.com/photos/106004547@N08/sets/72157637387804946/

Y la invitación al evento en Tanjarina:

http://feest.com.mx/Firefox-OS-en-Villahermosa-Tanjarina-Cafe-06-11

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Salí a comprar leche

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Ayer (a eso de las 19 horas) llegué a sentir que se me saldría el corazón, que saltaría fuera de mi pecho y explotaría en un millón de pedazos. Las manos me temblaron y la lengua se me travó. Una hora después, mi corazón seguía en su lugar y mi lengua y mis manos ya no tenían inconvenientes con la realidad.
Prueba superada.✓

Un par de horas más tarde me entró la locura: “Iré al cine”, pero perdí tiempo bañándome y tras mirar nuevamente el reloj, descarté la idea.

Entonces salí, con el pretexto de comprar leche. Pero antes de salir tomé mis llaves, el celular y varias monedas (suficientes para comprar dos litros de leche y con suerte probar algún dulce); Nótese que no llevé conmigo mi Mozilla-morral, ¡grave error!

Justo cuando cerraba la puerta decidí hacer una pausa y revisar si comprar leche iba a ser suficiente para satisfacer mi antojo de cereal con leche. ¡Qué bueno que lo hice, porque no iba a serlo!
Tras descubrir que no tenía cereal suficiente para satisfacer mis grandes exigencias, volví por un poco más de dinero, específicamente un billete de los amarillos, suficiente para comprar una caja de mi cereal favorito o dos de mi cereal no-tan-favorito. Entonces salí.

Ya en la calle, sentí la libertad que siente alguien que se ha autoliberado de su cautiverio sabatino. También sentí un poco de frío. La libertad que sentí fue tan tentadora que no pude evitarlo: Doblé a la izquierda en lugar de seguir derecho. A la leche se llegaba siguiendo derecho.

A la izquierda había puestos en los que vendían una variedad tan impresionante de cosas que apenas pude creer que apenas estaba descubriéndolo.

Pasé varios puestos de comida, uno que otro de electrónicos, algunos de películas, otros de baratijas y no faltaron los de juguetes usados. Mi plan era solamente caminar y mironear, pero el instinto me traicionó y me hizo volver para preguntar “¿Cuánto cuestan las alitas?” a la chica que atendía en un puesto con que tenía un letrero Alitas de pollo adobadas. Soy débil, supongo.

Varias veces me arrepentí por haberme detenido ahí; la mayoría porque el tiempo transcurría demasiado lento mientras freían mis alitas y las preparaban: calculo que estuve media hora ahí parado esperándolas. La otra, cuando varios cientos de metros más adelante encontré un letrero mejor: Ricas alitas de pollo adobadas; cinco pesos más baratas que las anteriores.

Cinco pesos no siempre es mucho, pero en esta ocasión cinco peso era un sexto del precio de las que compré, y un quinto del percio de las que no.

De los puestos de juguetes usados, sólo uno llamó especialmente mi atención: El que estaba a un lado del puesto de alitas. Pude ver que tenían un Beyblade de los que llamamos piratas: Aunque con un disco de ataque de Dragoon F, no me enamoró. Era demasiado libiano y la base era genérica, además del disco de defensa que era de plástico. Debo admitir, sin embargo, que me sentí tentado una vez que el precio bajó de diez a cinco pesos. No lo compré.

De cualquier forma, me sentía muy feliz. El tiempo que transcurría demasiado lento no lo fue tanto, especialmente cuando recibí una llamada de alguien que me quiere mucho. Las cosas se pusieron todavía mejor cuando me percaté que al otro lado de la llamada había otro alguien que me quiere mucho: “Dile que lo quiero cuatrocientos universos”. Me habría sido dificil ser más feliz en ese momento.

Cuando al fin mis alitas estuvieron listas, las guardé por unos minutos. Caminé hacia una tienda con el propósito de conseguir un refresco sabor naranja (uno en particular). No lo logré.
En su lugar, salí de la tienda con un Jarritos de manzana. No tenía idea de su existencia. ¡Tiene un sabor delicioso!

Antes de tener mi nuevo y flamante refresco, pude notar de reojo que en el puesto de juguetes usados había un Pikachu. Quien no sabe lo que es un Pikachu pero sí lo que es un Beyblade no tiene perdón de MEV. No pude acercarme en ese momento porque curiosamente la gente se amontonó en el lugar; sabrán los dioses cuantos juguetes usados magníficos me ganaron.

Así que esperé hasta tener mi refresco para acercarme a preguntar, y por suerte seguía ahí: Precioso. Veinte pesos, me lo dejaban en quince. En seguida noté también un Agumón, en perfecto estado. Dame veinticinco por los dos. ¡Acepto!

Mientras me ofrecían una bolsita para colocarlos, me percaté que había también un Humpty Alexander Dumpty, pero decidí primero comprar la leche y después volver por él. ¡Me arrepiento!

El resto de mi paseo transcurrió sin mucha pena ni gloria, excepto claro por el glorioso sabor de mis alitas de pollo y el Jarritos de manzana. Pregunté el precio de algún teléfono celular: Demasiado caro para mi gusto, ya salieron dos versiones más nuevas. Cuando pregunté el precio de una tableta, me respondieron blabla quinientos, me sorprendí porque una tableta tan fea costara tres mil quinientos, asi que pregunté. Mil quinientos, hombre. Por tres mil quinientos te doy dos y te regalo un celular, es más, te regalo un celular y esa otra tableta. Igual, sólo estaba curioseando.

Volviendo a lo importante (la comida): Mojarras fritas, cortes de carne a la parrilla, eskimos, banderillas de salchicha y queso, papas fritas, tacos, y ya no recuerdo qué más, se sumaron a la lista que hasta ahora estaba conformada únicamente por las alitas de pollo. También había locales de paletas, nieve, flanes y pai.

Fue una caminata muy interesante.

Pero todo lo interesante tiene final. El final de esta salida a tomar aire llegó cuando vi, a unos cien metros, el último puesto. Aposté que era de comida y, como yo ya tenía mucha, decidí regresar.

¡Vamos por ese huevo! Y ya no estaba. Todavía logré ver al señor y la señora guardando los juguetes usados, será para la otra.

Entré a la tienda original, aquella a la que se llega caminando derecho. Compré un cuartito de leche con sabor a fresa, un par de gelatinas sabor a coco y algo más. Y volví a casa.

Cuando entré me di cuenta que había olvidado algo: ¡La caja de cereal!

Ya no había mucho que hacer al respecto, pues tenía aún muchas alitas por comer y un buen botín que presumir.

Prendí la televisión, en lugar de ver algún episodio de las series que me gustan en el teléfono: Había la película de una mujer muy atrabancada, que trabajaba como operadora, creo que en la Torre Latinoamericana. Se le perdió su pareja de baile, Carmelo, y se aventuró a ir a buscarlo hasta Veracruz. ¡Todo para enterarse que Canelo, el hermano de su nuevo amigo trasvesti (un trasvesti que disfrutaba la música de Juan Gabriel) había muerto! Bueno, pero ¿quién es el Canelo ese?

Quiero tener mi historia de amor, como esa. Y escaparme a Lejos Mucho y pisar la arena de la playa, no más porque sí. Si se puede, que venga con juegos de azar y mujerzuelas.

No terminé de ver la película, preferí quedarme con la duda.

Lo que sí terminé fueron las alitas, el Jarritos de manzana y las gelatinas. Y tomé las siguientes fotos del fruto de mi caminata nocturna:

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Casi lo olvido, salí a comprar leche y volví con un litro ✓ y algunas cosas más.
Fue una noche de sólo dos palomitas, pero vaya que valió la pena. ¡Qué buena forma de comenzar el año!

Ahora me marcho. Me pondré guapo, iré a conseguir algo para comer y quizás iré al cine. Esta vez sí llevaré mi Mozilla-morral.

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