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El rincón de mautemático


Las Cosas son como deben, no como deberían Ser.


I’m Sam

Hoy es lunes, y ha sido un interesante día. Apenas el sábado tuve al mismo tiempo la oportunidad y los pantalones para escupir las palabras: “Quiero pedirte permiso para ir a Villahermosa”.

Me preguntó si quería o no quería sermón, y yo, atendiendo a la sugerencia de no sonar demasiado exigente dadas las circunstancias, respondí que estaba de acuerdo en que fuera como él lo creyera conveniente. Fue con sermón.

Regresemos a que es lunes: Estoy en un ADO de México DF a Cárdenas, Tabasco. Resultó un boleto completo, es decir, el descuento para estudiantes no aplicó. Esa es una de tantas aventuras que hay por contar, pero lo que quiero platicar hoy es como conocí a un tipo que vestía camisa de pana a cuadros sobre una playera blanca, y pantalones de cargo.

Escribió que su nombre era Sam. Sí, hablo en serio: Lo escribió. Es que, una de las principales recomendaciones que me extendieron tanto mis padres como Laura fue no hables con desconocidos. Dicen por ahí que texto es tanto el oral como el escrito, no se si aplique algo similar para hablar. Yo me escribí con el supuesto Sam, usando un par de hojas de su libreta de notas para sus vacaciones.

Estaba yo en la terminal central del norte de la ciudad de México, definitivamente desesperado porque aún no eran las 3:00, y mi boleto decía “estudiante, 6:30”. Sí, estaba desesperado, tenía sueño, no tenía conexión a Internet, y honestamente no me sentía cómodo durmiendo en algún sitio de ese lugar.

Entonces, en una sala de espera que no me correspondía, conseguí notar un par de personas que hablaban entre sí, o al menos eso parecía. Uno de ellos hablaba y hablaba, y el otro decía que sí, que no, o que un dolar eran 10 pesos. Entre las palabras que mi oido logró captar casi de forma involuntaria, escuché “Mécsico” “peso” “ten kiu”. No sonaba a mexicano, y la verdad es que yo estaba bastante aburrido. Al cabo de un rato, fui a mirar.

Se trataba de un tipo alto y güero (casi, casi blanco). Vestía una camisa de pana a cuadros sobre una playera blanca, y pantalones de cargo. Traía también sandalias y cargaba con una enorme mochila y otras dos más pequeñas. De vez en vez, anotaba algo sin ser apenas discreto, y guardaba el lapicero y su pequeña libreta. Olvidé mencionar que el sujeto tenía un paliacate blanco cubriendole la cabeza; tal vez también llevaba lentes oscuros sobre el paliacate.

Cuando entré a comprar algo a ese local, prácticamente confirmé mis sospechas: Le saludé con un natural buenos días, y él intentó responder de alguna u otra manera a mi saludo. Solamente atinó a decir “is he”, señalando al tipo de uniforme verde que le había atendido anteriormente (bueno, eso es lo que imagino. Hacia donde señaló había una mesa rodeada de sillas. En cada silla un sujeto uniformado de verde). Se intercambiaron algunos gracias y algún gesto buena onda; compré una Mirinda y caminé por ahí.

Varias veces me topé de nuevo al muchacho (que tendría casi treinta, me imagino), que seguía anotando y guardando el lapicero, y ocasionalmente miraba su juguetito de Apple, que estaba recargando batería. Creo que jugaba Angry Birds.

Me decidí a cambiar el boleto para poder tomar el autobús dos horas antes, y luego fui a buscar un sitio donde sentarme (maldita sala de espera, ya no quedaba lugar alguno libre en las filas de asientos! -.-). Y de repente llegó el mismo tipo, con la misma ropa, mismas maletas, y misma cerveza corona (lata azul) de antes. Se sentó cerca de donde yo estaba.

Con lo poco que hablo en inglés, la penita que me da, y lo muy poco que él hablaba en español, yo hacía preguntas sencillas y corteses (imagino que dignas de una persona curiosa como yo), pero a cambio obtenía respuestas más bien extensas de una persona que parecía disfrutar hablar, aunque tal vez yo no entendiera gracias al acento de Ohio (o ¿era Oregon?) y el sueño que tenía. La comunicación, así, no funciona de lo mejor.

Para entonces, le había pedido “paper”, y él amablemente compartío conmigo un par de hojas de su pequeña libreta para notas. En una comencé a anotar mis ideas para resolver el problema 1 de la IMO (habría anotado el 2 o 3 del eliminatorio en que tuve 12, pero eran más complicados de recordar y anotar), y en otra se me ocurrió chatear.

Él pensó que estaba intentando devolverle una de sus hojas, pero no era así. Yo había anotado algo en esa hoja, pretendiendo que se animara a responderlo. Faltaba aún cerca de una hora para arribar mi autobús.

Fue algo como:

Mi nombre es Mauricio. ¿A dónde vas? Obvio, in english.

Me platicó, en esa misma hoja y en no tan pocas palabras, que su nombre era Sam, y se dirigía a Cancún.

Ambos no habíamos conocido Cancún todavía, pero nos ha parecido un lugar que vale la pena visitar, al menos por las fotos (y las chicas en las fotos).

No estoy seguro si el tipo estaba o no casado, pero no viene al caso. Él tenía un plan bastante permisivo que definitivamente iba a seguir:

Parafraseando: “Tengo 800 dólares, regresaré cuando el dinero o la diversión se acaben, o gaste todo mi dinero en cerveza”, es lo que respondió cuando pregunté cuanto tiempo planeaba pasar en Cancún.

Luego le comenté que la cerveza no me gusta (la dejé más o menos a los 7 años), y que prefiero el tequila. También le comenté cuanto son 800 dólares más o menos, hablando en pesos mexicanos.

Me platicó que consiguió un hostal por 5 (¿¿¿5???) dólares la noche, así que pensaba en tener 400 para el viaje, y otros 400 para cerveza. De todos modos, si se quedaba sin dinero, traía en la mochila todo lo que necesitaba:

Sleeping bag, otra cosa, fishing algo, una cosa más, y un machete!!!

Oh sí, un machete.

En ese momento, llegó un tipo de esos que (como todo mundo en el mundo mundial) aman sentir el poder, a preguntar si era suya la cerveza que estaba al lado suyo. Me causó mayor impresión el hecho de que el señor guardía de seguiridad (o algo así) estaba casi seguro que el señor Sam camisa roja de pana a cuadros no hablaba español:

Sam respondió sobre la cerveza, diciendo que sí señor, era suya (en inglés), y continuó hablando.

El guardia preguntó a donde viajaba, y yo creí que la notita de papel podría servir para responder a eso, pero no me sentí en posición para inmiscuirme. El guardia intentó comunicarle que no estaba permitido ingerir bebidas alcoholicas en la terminal (aunque, lo único que yo vi al respecto fue un letrero que rezaba: “terminantemente prohibido abordar con aliento alcohólico”… en fin). Sam accedió a tirar la cerveza en el bote de basura, y agregó que no tenía pensado ingerir más durante su estancia en ese lugar.

Me quedé con la nota y mi respuesta un momento, mientras anunciaban la próxima salida de mi autobús. Escribí algo parecido a “mi autobús sale a las 4:30, espero que tengas una vacación nice”.

Cuando regresó le entregué la hoja, y me deseó también unas divertidas vacaciones. Me comentó rápidamente que el guardia dijo que no podía beber cerveza en la terminal, y algo que decía “4 horas”, pero no logré saber que era. Era hora de marchar.

Anoté al reverso de la hoja “Tal vez escribiré en mi blog: blog.mautematico.com”.