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El rincón de mautemático


Las Cosas son como deben, no como deberían Ser.


Mí día de Ayer

Sí. No se me ocurrió un título más descriptivo para el post de hoy. La verdad es que ni siquiera iba a haber post de hoy, bueno, en realidad, sí iba a haberlo. Sería de Frets on Fire. Finalmente decidí este título, pues es lo que pretendo que trate el escrito que (algunos) están a punto de leer.

Comenzó como practicamente comienza cualquier otro: algunas personas en el planeta morían, otras, muy pequeñas, venían a la vida. Otras más se daban cuenta que iban por un camino ni muy acertado ni muy divertido, y decidieron cambiar… otras hicieron lo que la humanidad llama “madurar”. Sí, era un día normal.

Desperté no muy tarde, a pesar de estar de “vacaciones”, pues mi padre me pediría el día anterior que atendiera cierto asunto en el municipio de Tequisquiapan, antes de comenzar con los míos respecto de la OMM (Registro en el hotel de la ciudad de Querétaro, comida, entrenamiento en la UAQ…)

Es así como esperaba a que alguno de mis padres me dieran el dinero requerido para realizar esa desviación y atender tal asunto. Por azares del destino, ya en la dulcería, mi madre terminó por comunicarme una no muy agradable noticia, que habría(mos) preferido mantener alejada de mi padre por un tiempo. Algo salió mal: mi padre hizo una pregunta, que llevó a la revelación de la (no) mencionada noticia. Mi padre se molestó, la verdad es que se molestó muchísimo. Enfureció, diría yo.

Sí, también yo me molesté, me molesté bastante. Pero yo me molesté por la actitud de mi padre ante la noticia. Muchas veces he preferido mantenerme al margen en situaciones como esa, pero en algunas otras no. Ésta fue una de esas algunas otras. Por supuesto, entonces mi padre se molestó también conmigo (ah, porque se lo hice saber – y lease como el aclare de un <<despiste>>, no como lo que el llamaría <<un reto>> – )…

Con la frustración (entre otros sentimientos de esos que no hacen el bien muy a menudo) invadiendo mi ser, me salí de la tienda. No, no era una de esas rabietas de adolescente pre-universitario de “me voy de la casa”, es que ya se llegaba la hora de partir para mí. Por su parte, mi padre hizo lo propio -propio de sí mismo, no hablo de propiedad en cuanto a cordialidad- y también se fue.

En realidad resultaría que yo iría a comprar unas cosas -agujetas y saldo para mi teléfono (compre uno nuevo luego de que <<Pol>> me restregara que vendió el que perdí)- y regresaría a la dulcería, pues había olvidado algo: mi desodorante. Así es como tuve una charla con mi madre, una charla de una media hora, sobre muchas cosas, de esas que las personas no dicen muy a menudo.

Algo tenía que hacer y sí, algo se me ocurrió… Tomé el teléfono con la esperanza de no ser tan inoportuno al interrumpir alguna actividad importante: le llamé a (…que difícil es esto…) una amiga. ¡Que suerte, ha tomado la llamada!… y más suerte aún: no estaba haciendo lo que yo creía!… charlamos por un rato, media hora quizás, la verdad es que no lo se. Mi estado de ánimo mejoró notablemente -al menos yo lo noté-, pero llegó el momento de despedirnos, la red celular no ofreció mucho soporte en ese momento: la llamda se cortó a medio <<adiós>>. [Y en esta linea, en el pseudo anonimato, quiero agradecer a mi amiga por, una vez más, aún cuando quizás no lo note con mucha facilidad, ayudarme de una manera tan increíble en momentos así... Em: Gracias -así es, no es su “verdadero” nombre-]

Y bueno, omitiré algunos detalles sin relevancia para el mundo, el caso es que arreglaría aquel asunto en Tequisquiapan como había acordado el día anterior, para luego dirigirme a lo que algunos llaman mis cosas. Ese día descubriría que aquel pasaje alterno para realizar mi viaje se percibe aún más solitario en autobús… más solitario y más caro. El chofer tenía lo que podría decirse música pop.

Sí, la música: ese elemento tan importante en la vida de muchos de nosotros… que hace evocar sensaciones con un poder casi indiscutible. En ésta ocasión, recuerdos de momentos sumamente felices, en algún momento sabía que el siguiente tramo de la canción era “Porque las cosas de la vida contigo se viven mejor… (turu ruru)… todo es amor si estamos juntos los dos…”. Solté un suspiro, de esos que salen jalando consigo mocos de la nariz, de esos líquidos con un sabor saladito y que bien pueden lavarse con agua.

En ese momento me dije a mi mismo: Mi mismo: debes escribir esto, o contárselo a alguien… ¡no es algo que puedas guardar hasta la tumba! (y, heme -en algún momento del espacio-tiempo en el pasado- aquí).

Luego, bueno, luego llegaría el registro en el hotel, el entrenamiento, el “Turista Mundial (r)” que reemplazara la función de cine… Todo eso que acostumbramos hacer, porque es divertido. Aunque tenía en esta ocasión una razón más para mí: distraerme y ayudarme a sonreir.

Sí, ya pronto voy a parar de escribir. Mentí a mi madre diciéndole que aún estaba lejos de casa, cuando en realidad veo patos mientras escribo, ya casi se me ha quitado el frío y me siento un poco mejor. Simplemente agregar algunas cosas que sucedieron hoy: tuve examen selectivo para la OMM, jugamos futbolito, no me depilaron porque México no ganara a Argentina, y no tengo ganas de llegar a mi casa.

Hasta pronto, almas que de vez en cuando deambulan aquí cerca. Que la vida no sea tan cruel, y la voluntad evite doblegar eso que llamamos espíritu. Mauricio.